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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Alfredo Jalife: The Economist arremete contra Pemex para deglutirla mejor

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Las opiniones que vierte tóxicamente la revista británica The Economist –miembro del Grupo Pearson, al unísono del rotativo The Financial Times, portavoz del decadente neoliberalismo global– suelen causar excesiva polémica debido a su control fiduciario por los banqueros Rothschild: accionistas mayoritarios de la depredadora petrolera BP y que la literatura china (La guerra de las divisas, ver Bajo la Lupa, 13/9/10) considera que poseen la mayor fortuna del mundo occidental por más de 3 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares.

Cabe recordar que The Economist fue fundada con dinero mexicano procedente del saqueo pirata anglosajón antes de su nacionalización por el general Lázaro Cárdenas del Río, según reseñó el escritor británico Anthony Sampson en su clásico libro Las siete hermanas.

El libelo de la revista británica (1/11/13), que ha de estar muy nerviosa por el profundo repudio de 70 por ciento de la ciudadanía mexicana a la privatización, espeta que Pemex no tiene remedio (¡supersic!), aunque el gobierno tenga la valentía (sic) de arreglarla (sic).

Con escarnio procaz The Economist se burla tanto de los magros hallazgos en aguas profundas de Pemex como de su funcionario Carlos Morales –quien goza de enorme influencia tras bambalinas– para exagerar el desplome de Cantarell (el otrora quinto yacimiento planetario) de 3.2 millones de barriles al día a unos raquíticos 400 mil.

The Economist oculta que la demencial inyección de nitrógeno por un ex director de Pemex, hoy directivo de la depredadora Schlumberger, para beneficiar a EU, es la causa criminal de haber dañado entonces las finanzas de Pemex en 20 mil millones de dólares (a valor presente).

En forma hilarante, The Economist todavía se da el lujo de solicitar al aniquilador de Cantarell su interesada y sesgada opinión sobre la grave crisis del gas que le estalló al gobierno de Peña/Videgaray/Aspe en pleno rostro al heredar las cataclísmicas decisiones de los panistas Fox y Calderón influenciados por sus intereses particulares en la mediocre petrolera española Repsol.

Lo peor: todos los fracasados (literal y demostrable) ex directores de Pemex y ex secretarios de Energía se pronuncian hoy sin rubicundez a favor de la privatización de los hidrocarburos cuando han establecido alianzas estratégicas para sus finanzas personales con los accionistas anglosajones de los megabancos que controlan a las depredadoras trasnacionales petroleras anglosajonas ( v.gr. Jesús Reyes Heroles González Garza, con el banco Morgan Stanley; Luis Téllez Kuenzler, con Grupo Carlyle del nepotismo bushiano, etcétera).

The Economist manosea alegremente la desinformación sobre el tóxico “ shale gas” (gas esquisto/lutitas) y exhibe su furia de que la contrarreforma Peña/Videgaray/Aspe debió haber pasado el 7 de agosto pasado. ¡Ah caray: no lo sabíamos!

La revista neoliberal pirata The Economist no entiende cómo Pemex está contablemente quebrado cuando gana 100 dólares el barril con un costo de 7 dólares el barril (nota: costo abultado por los inolvidables e indelebles Pidiregas del cordobismo-zedillismo de irresponsabilidad ilimitada).

Resulta en sus bucaneras cuentas alegres que Pemex ha perdido (¡supersic!) 29 mil millones de dólares en cinco años, cuando en realidad ha tenido ingresos en ese lapso por más de 550 mil millones de dólares.

La revista –de los banqueros esclavistas Rothschild y su presunto prestanombres el megaespeculador George Soros– despotrica que Pemex pierde dinero en refinación y petroquímica, y vuelve a ocultar que estos dos rubros han sido deliberadamente aniquilados por los letales ex directores de la paraestatal.

La revista de los banqueros Rothschild/Soros distorsiona burdamente la ficticia correlación de producción de barril de petróleo producida por empleado al día: mendacidad que propala la entelequia CIDAC que firma lo que sea desde 2001 (documento infame Nuevos horizontes con el CSIS, Universidad de Austin y el ITAM) con tal de privatizar Pemex.

Se les escurre que la mano de obra mexicana es más barata que sus comparados –de Noruega, EU y Gran Bretaña–, lo cual compensa tal disparidad abultada unilateralmente.

Lo relevante es el instrumento de medición financiera EBITDA (Ver Bajo la Lupa, 14/7/13) de Pemex que supera a todos los citados y ridiculiza los malabarismos interesados de CIDAC-Comexi-IMCO-ITAM-Wilson Center.

No hay que exigirle peras a los olmos de The Economist, menos a los trabajos de maquila y/o de firma notarial neoliberal del CIDAC con estrechos vínculos teológicos con Comexi-IMCO-ITAM.

Todo es negativo en Pemex, a juicio de The Economist: desde la legendaria corrupción de su sindicato (por cierto, bastión electorero del PRI) pasando por el dispendio de 70 mil millones de dólares entre 2008 y 2012 en exploración en aguas profundas y shale gas con magros resultados hasta la imposibilidad de encontrar 30 mil millones de dólares para la apremiante reconfiguración de sus refinerías. ¡Pamplinas bucaneras!

¿Y las reservas del Banco de México en más de 170 mil millones de dólares? ¿Y los fondos mexicanos de pensiones en más de 125 millones de pesos cuyo 20 por ciento invierten en EU y Europa? ¿Y la creatividad de la ingeniería financiera?

Sobre los magros resultados, según el desinformador The Economist, se me reporta confidencialmente que existe ocultamiento de datos muy positivos en Chicontepec y en la franja litoral de Tabasco con el fin de regalarlos posteriormente a los 10 magníficos locales. ¿Será?

Lo único veraz que perora The Economist es que México no tiene un significativo sector privado (¡supersic!) en la industria petrolera (nota: ni gasera tampoco: privatizada subrepticiamente por los españoles aliados al PAN) por lo que la mayor parte de las inversiones tendrán que venir de firmas foráneas, lo que para los nacionalistas (¡supersic!) sería difícil digerir.

¿Cómo, entonces, se le puede entregar a un insignificante sector privado local el petróleo convencional, más aún después de la tragedia de la privada petrolera brasileña OGX (ver Bajo la Lupa, 3/11/13)?

Urge quebrar a Pemex cuanto antes y como sea con trucos contables neoliberales para que así pueda ser mejor deglutida por las 10 empresas privadas mexicanas (ver Bajo la Lupa, 3/11/13) y las cuatro grandes petroleras anglosajonas seleccionadas de antemano en la postración entreguista de Peña y Videgaray en las oficinas de The Financial Times: “su deuda se disparó a 60 mil millones de dólares (nota: una bicoca para una empresa que el año pasado aportó 125 mil millones de dólares de ingresos) y su hueco en su reserva de pensiones asciende a enormes 100 mil millones de dólares. ¡Bájenle!

Tampoco todos los jubilados se retiran y/o son despedidos simultáneamente (nota: a propósito, ya se inició una campaña negra contra la planta de empleados ancianos de Pemex), además que existe la ingeniería financiera para paliar un pasivo total de 160 millones de dólares cuando se goza con descomunales ingresos anuales.

El verdadero problema es la succión vampiresca de 70 por ciento de los ingresos de Pemex por la neoliberal cuan disfuncional Secretaría de Hacienda itamita que no recauda impuestos: ranking mundial 144 (¡así con tres dígitos!) en proporción al PIB, según la CIA.

¡La quebrada es la neoliberal Secretaría de Hacienda itamita que no tiene remedio, no Pemex!

Alfredo Jalife-Rahme
alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalife

Facebook: AlfredoJalife


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