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miércoles, 29 de enero de 2014

Papa Francisco pide un Nuevo Horizonte para el Hombre.

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Por: Elisabeth Hellenbroich
La exhortación apostólica “La Alegría del Evangelio” publicada a finales del año pasado por el Papa Francisco es un verdadero “despertad” para comprometer al mundo católico con el espíritu de la alegría del Evangelio en una nueva evangelización. En este documento el Papa Francisco identifica las tareas más apremiantes a las que se enfrenta la mayoría de la sociedad contemporánea y propone un compromiso vigoroso de la Iglesia Católica para dar forma al futuro de la humanidad. La forma de hacerlo es con el “diálogo,” la “justicia social,” y la “inclusión” de las capas de la sociedad que son “excluidas” y victimizadas por el sistema de la “economía de la exclusión,” al cual algunas veces se le conoce como “capitalismo depredador.”
El documento refleja los diferentes contenidos que fueron propuestos por los sínodos de obispos en el transcurso de los últimos dos años, en particular el Sínodo de Obispos del octubre de 2012, el cual se consagró al debate sobre la forma en la que la Iglesia Católica debe impulsar la nueva evangelización. Propuso una iglesia orientada por una misión que -como expusieron los diferentes sínodos de obispos de Asia, África y América Latina- que tome en cuenta la cultura y la situación específica de los pueblos del mundo.
La economía debe servir al hombre
Una de las principales directrices del documento es el llamado del papa a integrar a los “pobres” y a los “excluidos.” El Papa señala con claridad que la crisis financiera que sufrimos hoy tiene sus raíces en una “crisis antropológica.” Destaca el Papa que han aparecido nuevos fetichismos y nuevas formas de capitalismo en las que la economía no tiene rostro y se aparta del principal objetivo de la economía, el Hombre.
En el tercer capítulo del documento propone la “Integración del pobre.” En el punto 191, el Papa hace una referencia específica al documento aprobado por los obispos brasileños en abril de 2002: “Están llamados a escuchar el clamor de los pobres, como tan bien expresaron los Obispos de Brasil; “Deseamos asumir, cada día, las alegrías y esperanzas, las angustias y tristezas del pueblo brasileño, especialmente de las poblaciones de las periferias urbanas y de las zonas rurales -sin tierra, sin techo, sin pan, sin salud- lesionadas en sus derechos. Viendo sus miserias, escuchando sus clamores y conociendo su sufrimiento, nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta”. (Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, documento Exigencias evangelistas y éticas de la miseria y del hambre; abril 2002).
Una economía que “sirve al hombre” se debe fundar, dice el Papa, en los principios de la “dignidad humana,” el “bien común,” la “subsidiariedad” y la “solidaridad,” principios que son válidos para todas las naciones del mundo. El problema es, sin embargo, que muchos gobernantes sólo hablan retóricamente de la necesidad de la justicia social y de la dignidad humana. Son meras palabras que en la realidad no tienen significados para ellos. Para profundizar en los aspectos fundamentales de lo que considera una economía al servicio del hombre, elaboró cuatro aspectos que se deben considerar como los elementos centrales de su exhortación teológica/filosófica:
1.-”El tiempo” es más importante que “el espacio.” En la noción del tiempo, como explica el Papa, existe una bipolaridad entre “plenitud” y “limite.” El hombre vive de un momento para el siguiente, pero hay un horizonte, una utopía, que abre un nuevo horizonte de tiempo para el hombre. Si vivimos de acuerdo a este concepto de tiempo, no estamos guiados por la esperanza de encontrar “resultados inmediatos,” pero aprendemos a soportar y a resolver situaciones difíciles con “paciencia” (223). El tiempo transforma así es espacio en un “proceso” constante de desarrollo, en una cadena en constante movimiento. Esto crea una nueva dinámica en la sociedad.
2.-”Unidad” es de un orden superior que el “conflicto.” Al involucrarse en un conflicto el hombre con frecuencia pierde la perspectiva y los pueblos se convierten en prisioneros del conflicto. En lugar de conflictos, se tienen que buscar la solución en un nivel superior. Los conflictos, entonces, pueden ser la base de la que nacen nuevas formas de comunidad. Esto sólo puede suceder si los gobernantes ven más allá del nivel del conflicto.
3.-”La realidad es más importante que la idea.” El Papa habla de la tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad existe como algo que simplemente existe, la idea, en cambio, es elaborada. Tiene que existir un diálogo constante entre ambas y el intento del hombre de que las ideas no se separen de la realidad. El Papa da algunos ejemplos al hablar de los que permanecen sencillamente en el nivel de las palabras, las imágenes y los sofismas. Pero la realidad es de un orden superior y una idea que está separada de la realidad se hace “nominalista” o idealista pero no “genera compromiso personal.”
4.-”El todo es más importante que sus partes.” Los pueblos tienen su cultura particular y si los pueblos deben ser capaces de conservar su particularidad. Esto significa unir a la Humanidad para convertirla en una comunidad fundada en el “bien común,” lo que quiere decir que dicha comunidad está determinada por el todo y sus partes.
La nueva forma de evangelización que propone el Papa es un llamado a un “compromiso personal” apasionado, al “diálogo” entre Estado y sociedad, Fe y ciencia, entre diferentes religiones, creyentes y no creyentes y diferentes capas de la sociedad.

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